El origen de las emociones y su evolución


Es ser humano siempre se ha visto influenciado por elementos externos. Decidimos hacer algo debido a necesidades fisiológicas o a la aparición de amenazas externas. Nos ponemos en acción debido a sucesos que no se pueden cambiar que nos incomodan, alguna injusticia que va en contra a nuestros principios básicos. Mucha gente elige profesiones acorde a la sensación de gratificación que dichas acciones aportan o porque la paga les permite resolver problemas inmediatos. Siempre existe una fuerza que nos impulsa a tomar acción pero ¿Dónde surgen realmente?


Las primeras reacciones que influyen al ser humano provienen de la prehistoria, surgen de nuestro cerebro reptiliano (mencionado en artículos anteriores), donde la respuesta a un nuevo encuentro se veía influencia por tres opciones. La primera, al darse cuenta que dicho encuentro podría representar la muerte, nos impulsa a huir ayudándonos con cambios fisiológicos para garantizar su éxito (cómo la sensación que tenemos de frío y que el tiempo está pasando más lentamente), dando nacimiento más tarde a las emociones de miedo y aversión. La segunda, viendo que la amenaza puede ser dominada o terminada, empujaba al ser humano a la confrontación para matar en pos de defender el territorio, expandirlo o alimentación (la circulación de la sangre se ve acelerada, puños cerrados anticipando el ataque), dando nacimiento a futuro a la emoción de ira. Como tercero y último tenemos el impulso a la procreación, desarrollando sensaciones de afecto para garantizar la unión y crecimiento de las crías, en un futuro dando nacimiento a emociones relacionadas con la felicidad y tristeza (al sufrir pérdida).


Siento luego actúo.


Si tomamos un tiempo para hacer un análisis lógico como lo hizo anteriormente Descartes con su “pienso luego existo”, poniendo cada una de nuestras acciones en cuestión y nos preguntamos por qué constantemente, podremos notar que tras toda acción nuestra, hay una emoción de trasfondo, hay algo que nos impulsó a realizarlas.


Pero entonces, esto podría decir que no tendríamos un control sobre nuestras vidas, significaría que nuestras emociones estarían como piloto de nuestro futuro, que la amígdala cerebral tiene un rol superior en nuestro cerebro, no tanto el lóbulo frontal. Toda acción sería enfocada en satisfacer nuestras necesidades principales, haciendo al ser humano una criatura enfocada a beneficios, un ser egoísta.


No existiría el libre alvedrío y solo seríamos un ser primitivo que busca satisfacción.


Claro está que esto sería cierto si el ser humano no hubiera desarrollado las llamadas neuronas espejo y su empatía. La empatía nos hace humanos, permitiendo la proliferación de la humanidad y sociedades.


El desarrollo de nuestra inteligencia emocional fue lo que permitió el crecimiento y la liberación del ser. Todo movimiento grupal fue logrado por este factor, permitiendo el desarrollo de sentimientos nobles, originados no de nuestro ser, sino por ver a otros en situaciones de necesidad. Es por esto que grandes líderes han dejado una huella en la vida de las personas, porque han sentido las emociones de los demás y eso los ha impulsado a tomar acción. También es la realidad de porque muchas dinastías han caído, donde un rey une al pueblo pero sus herederos no se percatan de la situación de sus ciudadanos.


Claro está que esto fue tanto para bien como para mal. El comprender el miedo en los demás y manipularlo siempre ha sido una táctica básica para controlar a la gente, consiguiendo que muchos hagan cosas en contra de sus beneficios al temer la posibilidad de perder su rol en la sociedad, jugando con una emoción principal.


Un punto interesante se encuentra en como las religiones principales siempre han transmitido un mensaje en favor del desarrollo de la empatía, del crecimiento de la inteligencia emocional, siguiendo el ejemplo de una figura superior, buscando la proliferación de la especie y las sociedades. Siempre se escucha la frase consolidada que observa el unirnos por lo que nos hace similares, no lo que nos diferencia, y este es el punto principal de las religiones, buscar ayudar al prójimo para mejorar la comunidad como un mensaje divino.


Algunas personas podrán tomar ciertas frases, parábolas o hechos escritos para dar fuerza a sus argumentos y a beneficio personal en vez del grupal, pero no se pueden negar los principios básicos que sedimentan un mensaje de empatía.

Las emociones surgieron por nuestros instintos de supervivencia y crecimiento, evolucionando cuando el ser humano desarrollo sus hábitos grupales. Un manejo adecuado de nuestras emociones nos permitirá salir de nuestras rutas impuestas por nuestros instintos, y el desarrollo de nuestra empatía logrará marcar un impacto en nuestra sociedad, dándonos una gratificación espiritual y satisfaciendo una necesidad superior a las básicas.


Y vos ¿sentís que hay situaciones que te dominan? ¿no sabes por qué la respuesta a ciertos problemas siempre es la misma por más que no quieras responder así?


No podemos controlar como las emociones nos van a hacer sentir, pero si podemos decidir cómo vamos a reaccionar.


¡¡¡Siéntelo!!!

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