Cuando la información nos encuentra desprevenidos

April 11, 2019

Vivimos en un mundo donde el acceso a la información es algo común y abundante, donde ya no existen dudas teóricas permanentes. Si alguien argumenta algo, podemos verificarlo en un momento a través de Google, pero ¿qué es lo que realmente está pasando cuando revisamos esta información? ¿Cómo podemos decidir tan brevemente la información correcta habiendo tantos “expertos” opinando?

 

Todo el mundo tiene la oportunidad tanto de ver como de exponer distintos puntos de vista, al punto de ser agobiante la cantidad de información que tenemos. Cualquier duda que busquemos nos dará por lo menos una página completa de links a diferentes páginas  web con distintas opiniones, dando preferencia a la cual tenga más visitas y palabras clave.

 

Tenemos demasiada información a nuestra disposición que instintivamente debemos filtrar su contenido, buscando lo que consideramos “vital” o “correcto”, elementos escuchados previamente y que verifican nuestros preconceptos alrededor de la temática según el contexto de nuestros conocimientos anteriores, adaptando no solo la información que elegimos sobre el resto de las demás, sino el cómo comprendemos la misma, haciendo que un extracto sea interpretado de formas distintas en la mente de distintas personas, generando diferentes perspectivas de un mismo objeto.

 

Toda esta información nos ataca desde distintas avenidas, más que nada por los distintos hábitos que el ser humano ha generado con las nuevas tecnologías (como los motores de búsquedas, Wikipedia, redes sociales), pero que eso no nos confunda, hay más elementos en el tablero.

 

Por un lado tenemos al mundo virtual, transmitiendo de forma constante con exposiciones nuevas en blogs y las distintas redes sociales, las cuales dan una voz a toda persona con acceso a internet. No cuestionamos la veracidad de la información si nos agrada y la rechazamos de ser extrema, si tienen opiniones de “expertos” la aceptamos con más facilidad sin hacer un análisis a profundidad ya que eso nos consumiría mucho tiempo. Filtramos la información no tanto para aprender, sino para confirmar un punto de vista que tengamos a favor, dando fuerza a nuestros argumentos y palabras para contra argumentar.

 

En ese mismo mundo tenemos un mundo de talleres, cursos y maestrías virtuales que ofrecer todas las herramientas habidas y por haber, para desarrollar el potencial técnico humano, pero algo particular pasa en este sitio. Si no estamos preparados con expectativas claras de nuestros tiempos y capacidades actuales, son tantos los cursos que se la persona no se preparó anteriormente con seriedad sobre qué es lo que realmente quiere aprender, no se coloca objetivos claros, simplemente va a estar coleccionando estos cursos y se sentirá abrumado, deprimido porque muchas personas hicieron el curso y esta misma no pudo juntar la suficiente energía para terminarlo, y en muchos casos frustrados, causando lo opuesto que los talleres en realidad querían. En vez de potenciar, limitan.

 

En el mundo natural es aún más palpable debido a las limitaciones de nuestro cuerpo, forzando a ese filtro. Recibimos tanta información sensorial al mismo tiempo que nuestro cerebro no puede procesarla en su totalidad de forma inmediata, dejando de lado más de un 99% de la misma (esa información no se pierde, simplemente no la captamos completamente) y solo recibiendo de forma comprensiva lo que consideramos más relevante en el momento. Un ejemplo sencillo es cuando estamos llegando a un lugar al cual queremos ir pero no fuimos con anterioridad, bajamos el sonido de la radio para ver de dar prioridad a la información visual y no la auditiva. 

 

Ahora, si sumamos nuestros conocimientos previos a ese filtro condicionado por nuestra fisiología, la información que percibimos está aún más condicionada. La Roma que experimenta un arquitecto es muy distinta a la que experimenta un cocinero o un turista cualquiera, ellos se percatarán más sobre la información que les resulte familiar, disfrutando de los magníficos edificios llenos de historia, los olores de la cocina italiana o no se quedará impresionado con nada en particular porque no estaría valorando la información que percibe al mismo nivel que los demás.

 

Lo mismo sucede cuando experimentamos nuestra vida con o sin percatarnos de cómo nos estamos sintiendo en cada momento y las personas que nos rodean, si decidimos aislarnos completamente de los demás y de nosotros mismo o decidimos aceptar este tipo de información. Una persona que no puede comprender las cosas que siente, vivirá una vida completamente distinta a una en sintonía. Es la diferencia esencial entre un optimista y un pesimista, ambas personas reciben la misma información pero debido a sus experiencias pasadas, deciden como esa misma afectará su próximo momento, día o semana.

 

Aquí es donde el asunto se vuelve interesante y hasta a un cierto nivel peligroso. De toda la información que recibimos, si no nos percatamos cómo nos afecta emocionalmente y dejamos que pase a ser parte del 99%, esta misma no deja de influir en nosotros, simplemente no nos estamos percatando que nos está afectando. Un factor “externo” a nuestra periferia nos está influyendo (ya sea de forma positiva o de forma negativa), y al no estar capacitado como para poder canalizar esa información, podríamos estar perdiendo oportunidades importantes o dejando pasar amenazas muy peligrosas, ya sean para nosotros mismo o para las personas que nos rodean.

 

Se dice que el conocimiento es poder, pero si no aplicamos ese conocimiento, este mismo terminará siendo información obsoleta, opacada por la ola inmensa de “desinformación”. Si capacitamos nuestro ser para poder procesar esta información y aprendemos a como procesarla de una forma práctica, podremos no solo disfrutar más cada momento, sino que también desarmar las principales emociones que nos afectan negativamente si no las sabemos controlar.

 

Si somos capaces de ver que elementos de nuestro día a día activan nuestros malestares, estos no aumentaran las situaciones de un potencial ataque de ira, porque seríamos capaces de poder resolverlos anteriormente de forma asertiva, y evitaremos explotar o implosionar, dañando a personas no relacionadas. Si somos conscientes de las cosas que nos rodean y nuestras capacidades, seremos capaces de disminuir nuestra ansiedad ya que podríamos de forma crítica evaluar qué es lo que la activa y su potencial real de hacernos daño. Si podemos darnos cuenta de las cosas que nos hacen felices, podríamos marcarnos metas gratificantes, reales y a corto plazo que nos ayudarían de forma lenta pero segura a mejorar si estuviéramos deprimidos y desmotivados.

 

En este mundo existe mucha información literalmente al alcance de la mano, tanta que nos resultaría imposible aprender toda en miles de vidas y de la cual no podríamos realmente apreciarla. Lo que termina diciéndonos, ¿qué información realmente vale la pena aprender? ¿Vale la pena leer información para compararnos con gente que no conocemos pero que están disfrutando de vacaciones? ¿Es más valiosa la farándula de celebridades qué el estado de ánimo de mi compañero de estudio/trabajo? ¿Va a cambiar como yo soy visto por los demás en argumentos si formo opiniones basadas en palabras de otros?

 

Darnos cuenta de nuestras prioridades, motivaciones, de nuestras preferencias, de qué es lo que realmente nos hace sentir es el primer paso y uno de los más importantes para poder disfrutar con plenitud. Si no sacamos provecho a las cosas que nos rodean y comparamos lo que podríamos tener viéndolo por una pantalla, solo terminaremos deseando más y consiguiendo menos.

 

Les recomiendo que incorporen en su rutina un momento breve de unos minutos en la mañana, un momento de reflexión antes de abrir la puerta de la información (muy conocida como el celular), y se pregunten ¿qué me gustaría aprender hoy? ¿Cómo voy a recibir esa información? ¿Vale la pena considerar seriamente ciertas opiniones? ¿Debería reconsiderar algo que haya aprendido con anterioridad? ¿Cómo voy a dejar que ciertas cosas me afecten?

 

La información va a venir, nos guste o no ya que así es el mundo que nos rodea, la consigna no es el sentirnos abrumados por toda esa desinformación, sino el poder nadar en esa corriente de forma eficaz, logrando terminar el día siendo una mejor persona de cómo lo empezaste, y no sintiéndonos frustrados por cosas que no podemos cambiar o comparándonos innecesariamente.

 

Disfruta del día y de las cosas que te da.

 

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